Peligros para la democracia / Dangers for democracy

Por José López Zamorano | Para La Red Hispana

Desde la cuna de la democracia, en Filadelfia, el presidente Joe Biden encontró su voz y envió un mensaje de alerta a los estadounidenses y al mundo: “Donald Trump y los republicanos MAGA (Make America Great Again) representan un extremismo que amenaza las bases de nuestra república… las fuerzas MAGA están decididas a hacer retroceder a este país. Retroceder a una América donde no hay derecho a elegir, ni derecho a la privacidad, ni derecho a la anticoncepción, ni derecho a casarse con quien amas”.

Tiene razón el presidente Biden. Aquellos que como el expresidente Trump, sus candidatos MAGA como Kari Lake y Mark Finchmen en Arizona, Doug Mastriano en Pensilvania o Tudor Nixon y Kristina Karamo en Michigan, y muchos más, están haciendo un terrible daño a la credibilidad de las instituciones democráticas al propagar la “Gran Mentira del fraude electoral en 2020. Están jugando con fuego.

Porque no se trata sólo de discursos incendiarios. Tanto el Departamento de Justicia, como los agentes del FBI que catearon la casa de Trump en Mar-A-Lago, han sido blanco de ataques y amenazas de muerte. La violencia política no tiene lugar en ningún sitio. Lo más lamentable ocurre cuando es propiciada por mentiras y desinformación.

Pocos días después del mensaje de Biden, Trump tuvo oportunidad de reflexionar sobre las secuelas de su discurso divisivo, polarizante y engañoso durante un acto de campaña en Wilkes-Barre en Pensilvania.Pero lejos de asumir una posición responsable, repitió el mito de que fue despojado de su supuesto triunfo en 2020, en medio de ovaciones de miles de sus simpatizantes.

Peor aún, Trump prometió –en un lanzamiento informal de su candidatura hacia las elecciones del 2024– que si regresa al poder aplicará medidas drásticas contra los inmigrantes indocumentados, restablecerá su política de expulsión a México de solicitantes de asilo. Es decir: Si regresa Trump, tendremos más de lo mismo.

Insisto en que Biden tiene razón cuando afirma que si un grupo de personas sólo cree en la validez de los resultados electorales cuando gana su candidato, representa un peligro real y presente para las instituciones democráticas. Pero no es el único peligro para la democracia de Estados Unidos.

Estados Unidos padece serios problemas estructurales: comunidades de color en condiciones de pobreza y dependencia, inequidades en el acceso a la salud y a la educación superior, millones de inmigrantes viviendo en la semiclandestinidad pese a ser trabajadores esenciales, más de 100,000 muertes al año por sobredosis de drogas, millones de mujeres víctimas de ataque a sus derechos reproductivos.

Cuando los gobernantes o los partidos son incapaces de ser gestores de las legítimas necesidades y aspiraciones de las mayorías, el sistema político pierde sentido y legitimidad. Lo vemos en América Latina y en otras partes del mundo. Y no hay garantía de que no ocurra en los países modernos y ricos, pero injustos y desiguales.

Dangers for democracy

By Jose Lopez Zamorano | For The Hispanic Network

From the cradle of democracy, in Philadelphia, President Joe Biden found his voice and sent a warning message to Americans and the world: “Donald Trump and the MAGA (Make America Great Again) Republicans represent extremism that threatens the bases of our republic… the MAGA forces are determined to push this country back. Go back to an America where there is no right to choose, no right to privacy, no right to contraception, no right to marry the one you love.”

President Biden is right. Those like former President Trump, his MAGA candidates like Kari Lake and Mark Finchmen in Arizona, Doug Mastriano in Pennsylvania, or Tudor Nixon and Kristina Karamo in Michigan, and many more, are doing terrible damage to the credibility of democratic institutions by propagating the “Big Lie” of electoral fraud in 2020. They are playing with fire.

Because it’s not just about incendiary speeches. Both the Justice Department and the FBI agents who raided Trump’s Mar-A-Lago home have been the target of attacks and death threats. Political violence has no place anywhere. The most unfortunate thing happens when it is propitiated by lies and misinformation.

Just days after Biden’s message, Trump had a chance to reflect on the aftermath of his divisive, polarizing and misleading speech at a campaign rally in Wilkes-Barre, Pennsylvania. But far from taking a responsible position, he repeated the myth that he was stripped of his supposed triumph in 2020, amid cheers from thousands of his supporters.

Worse still, Trump promised — in an informal launch of his candidacy for the 2024 elections — that if he returns to power he will clamp down on undocumented immigrants, he will reinstate his policy of deporting asylum seekers to Mexico…That is to say: If Trump returns, we will have more of the same.

I insist that Biden is right when he says that if a group of people only believes in the validity of the electoral results when their candidate wins, they represent a real and present danger to democratic institutions. But it is not the only danger to democracy in the United States.

The United States suffers from serious structural problems: communities of color in conditions of poverty and dependency, inequities in access to health and higher education, millions of immigrants living in semi-clandestine despite being essential workers, more than 100,000 deaths a year from overdoses of drugs, millions of women victims of attacks on their reproductive rights.

When the rulers or the parties are unable to manage the legitimate needs and aspirations of the majority, the political system loses meaning and legitimacy. We see it in Latin America and in other parts of the world. And there is no guarantee that it will not happen in modern and rich countries, but unfair and unequal.