El fracaso de la llamada ‘ola roja’ / The failure of the so-called ‘red wave’

Por Maribel Hastings and David Torres | WASHINGTON, DC

Pese a los catastróficos pronósticos contra los demócratas en las elecciones intermedias, todo parece indicar que no les ha ido tan mal como se anticipaba. La “ola roja” que esperaban los republicanos parece no haberse concretado. El control del Senado, hoy de mayoría demócrata, no se dilucida aún, y todo apunta a que los republicanos controlarían la Cámara Baja, pero no por las decenas de escaños que esperaban.

Es decir, fue una buena jornada para la democracia estadounidense, que se consolidó en una sola noche frente a los agoreros de la desinformación y el retroceso, así como de los falsos promotores de dicha “ola roja” que en realidad se convirtió en “charquito desteñido”. No hay que subestimar, sin embargo, el daño que puedan hacer los republicanos a nivel legislativo si controlan una o ambas cámaras del Congreso.

Podría decirse que un país dividido tuvo una elección con resultados divididos con razones para celebrar para ambos partidos. Y también quedó plasmado que el trumpismo tiene sus vulnerabilidades, como en el caso de Pennsylvania, donde el candidato apoyado por Donald J. Trump, Mehmet Oz, perdió ante el demócrata John Fetterman, cuya esposa es una inmigrante brasileña que fue indocumentada durante 10 años. Hay otros ejemplos similares.

Es decir, también fue una mala noche para Trump y los suyos, que diseminaron con su retórica un contexto de violencia electoral que tampoco les dio resultado porque la civilidad y el derecho al voto se hicieron presentes, superando incluso las expectativas y mostrando el camino a seguir en las próximas justas electorales. El trumpismo, en sí mismo, ya no tiene razón de ser, no cabe en esta democracia. Trump, de hecho, es un pésimo inversionista político.

Por otro lado, la contienda por el Senado en Nevada, entre la titular demócrata Catherine Cortez Masto y el trumpista republicano Adam Laxalt, no se había definido, al igual que la del senador demócrata de Arizona, Mark Kelly, y el trumpista Blake Masters.

En Texas, el gobernador antiinmigrante republicano, Greg Abbott, revalidó en su puesto. En el Sur de Texas, en el Valle del Río Grande, otrora bastión demócrata, hubo resultados mixtos. De las tres candidatas republicanas apoyadas por Trump solamente una, Mónica de la Cruz, ganó su escaño en el distrito 15 derrotando a la demócrata Michelle Vallejo.

Y Florida es una historia en sí misma. Ahí sí hubo una “ola roja” con los triunfos republicanos: Ron DeSantis en la gobernación, Marco Rubio al Senado y la congresista María Elvira Salazar en el distrito 10, todos con amplio apoyo del voto latino del estado. De hecho, los medios en español destacaron cómo el condado de Miami-Dade, con una población 70% hispana, eligió a un republicano, DeSantis, como gobernador,  por primera vez en 20 años. Jeb Bush ganó ese condado en 2002.

Esto prueba cuán oscilante puede ser el voto latino, aunque en el caso de Florida ya se dice que ha dejado de ser un estado púrpura, que puede inclinarse por cualquiera de los dos partidos, para ser uno rojo.

De manera que estas elecciones todavía sin dilucidar ofrecen enseñanzas para los dos partidos, mismos que deben apurar a sus respectivos estrategas a fin de aprender a interpretar mejor a este segmento del electorado estadounidense y evitar la mezcla de los estereotipos culturales con las realidades políticas de un determinado momento electoral.

La lección para los republicanos es que su discurso extremista y antiinmigrante tiene sus limitaciones. Quizá los ayuda con la base MAGA, pero para el resto del país, el extremismo y la división son señales de precaución. (America’s Voice)

The failure of the so-called ‘red wave’

By Maribel Hastings and David Torres | WASHINGTON, DC

Despite the catastrophic forecasts against the Democrats in the midterm elections, everything seems to indicate that they have not fared as badly as anticipated. The “red wave” that the Republicans expected seems not to have materialized. The control of the Senate, today with a Democratic majority, has not yet been elucidated, and everything indicates that the Republicans would control the Lower House, but not with the dozens of seats they expected.

In other words, it was a good day for American democracy, which was consolidated in a single night against the doomsayers of disinformation and setbacks, as well as the false promoters of said “red wave” that actually became a “faded puddle.” Don’t underestimate, however, the damage Republicans can do at the legislative level if they control one or both houses of Congress.

Arguably, a divided country had an election with divided results with reasons to celebrate for both parties. And it was also shown that Trumpism has its vulnerabilities, as in the case of Pennsylvania, where the candidate supported by Donald J. Trump, Mehmet Oz, lost to Democrat John Fetterman, whose wife is a Brazilian immigrant who was undocumented for 10 years. There are other similar examples.

That is to say, it was also a bad night for Trump and his people, who spread with their rhetoric a context of electoral violence that did not work for them either because civility and the right to vote were present, even exceeding expectations and showing the way to continue in the next electoral fairs. Trumpism, in itself, no longer has a reason for being, it does not fit in this democracy. Trump, in fact, is a lousy political investment.

On the other hand, the Senate race in Nevada, between Democratic incumbent Catherine Cortez Masto and Republican Trumpist Adam Laxalt, had not been defined, as was that of Democratic Senator from Arizona, Mark Kelly, and Trumpist Blake Masters.

In Texas, the Republican anti-immigrant governor, Greg Abbott, revalidated his post. In South Texas, in the Rio Grande Valley, once a Democratic stronghold, there were mixed results. Of the three Republican candidates supported by Trump, only one, Monica de la Cruz, won her seat in the 15th district, defeating Democrat Michelle Vallejo.

And Florida is a story unto itself. There was indeed a “red wave” with the Republican triumphs: Ron DeSantis in the governorship, Marco Rubio in the Senate and Congresswoman María Elvira Salazar in the 10th district, all with broad support from the Latino vote in the state. In fact, the Spanish-language media highlighted how Miami-Dade County, with a 70% Hispanic population, elected a Republican, DeSantis, as governor for the first time in 20 years. Jeb Bush won that county in 2002.

This proves how oscillating the Latino vote can be, although in the case of Florida it is already said that it has ceased to be a purple state, which can lean towards either of the two parties, to be a red one.

So these still unresolved elections offer lessons for both parties, which must push their respective strategists to learn how to better interpret this segment of the US electorate and avoid mixing cultural stereotypes with the political realities of a certain election time.

The lesson for the Republicans is that their extremist and anti-immigrant discourse has its limitations. Maybe it helps them with the MAGA base, but for the rest of the country, extremism and division are warning signs. (America’s Voice)