Noticias

Trabajadores inmigrantes en EEUU ayudan a impulsar el crecimiento del empleo y evitar una recesión / How immigrant workers in US have helped boost job growth and stave off a recession

Llegar a Estados Unidos fue una experiencia desgarradora. Silva, de 25 años, su esposo y su hija entonces de 7 años desafiaron las traicioneras selvas del Tapón del Darién en Panamá, viajaron a lo largo de México, cruzaron el Río Bravo y luego se entregaron a la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos en Brownsville, Texas. Al solicitar asilo, recibieron un permiso de trabajo el año pasado y encontraron empleos en Rock Hill, Carolina del Sur.

“Mis planes son ayudar a mi familia, que lo necesita muchísimo, y crecer económicamente aquí”, dijo Silva.

Lo que cuenta su historia es mucho más que la ardua búsqueda de una familia para tener una vida mejor. Los millones de puestos de trabajo que Silva y otros inmigrantes recién llegados han ocupado en Estados Unidos parecen resolver un enigma que ha confundido a los economistas durante al menos un año: ¿Cómo ha podido prosperar la economía —que ha añadido cientos de miles de empleos, mes tras mes— en un momento en que la Reserva Federal ha aumentado agresivamente las tasas de interés para combatir la inflación, algo que normalmente es una receta para una recesión?

Cada vez más, la respuesta parecen ser los inmigrantes, vivan legalmente o no en Estados Unidos. La afluencia de adultos nacidos en el extranjero aumentó enormemente la oferta de trabajadores disponibles después de que la escasez de fuerza laboral en Estados Unidos dejara a muchas empresas sin la posibilidad de cubrir puestos de trabajo.

Más trabajadores que ocupan más puestos de trabajo y gastan más dinero han ayudado a impulsar el crecimiento económico y crear todavía más puestos vacantes. La disponibilidad de trabajadores inmigrantes alivió la presión sobre las empresas para que aumentaran drásticamente los salarios y luego trasladaran esos costos laborales más altos a sus clientes a través de un aumento de precios que alimentan la inflación. Aunque la inflación estadounidense todavía es alta, se ha desplomado desde sus niveles de hace dos años.

“Ha ocurrido una especie de misterio: ¿cómo seguimos logrando un crecimiento del empleo tan extraordinario y fuerte mientras la inflación sigue bajando?”, dijo Heidi Shierholz, presidenta del Economic Policy Institute (Instituto de Política Económica), un grupo de expertos que analiza el impacto de tendencias económicas y políticas sobre los trabajadores en Estados Unidos, y execonomista en jefe del Departamento de Trabajo. “El hecho de que las cifras de inmigración sean más altas de lo que habíamos pensado, eso realmente resuelve el enigma en gran medida”.

Además de ayudar a impulsar el crecimiento económico, los inmigrantes también se encuentran en el centro de un incendiario debate sobre el control de la frontera sur del país en un año electoral. En su intento por regresar a la Casa Blanca, Donald Trump con frecuencia invoca falsedades sobre la migración, ha atacado a los inmigrantes en términos a menudo degradantes, y los ha caracterizado como criminales peligrosos que están “envenenando la sangre” de Estados Unidos. Trump ha prometido terminar de construir un muro fronterizo y lanzar la “operación de deportación interna más grande en la historia de Estados Unidos”. Que él o el presidente Joe Biden gane las elecciones podría determinar si perdurarán la afluencia de inmigrantes y su papel clave en el impulso de la economía.

El auge de la inmigración tomó por sorpresa a casi todos. En 2019, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) había estimado que la inmigración neta —llegadas menos salidas— equivaldría a alrededor de 1 millón en 2023. La cifra real, dijo la CBO en una actualización de enero, era más del triple de esa estimación: 3,3 millones.

Miles de empleadores necesitaban desesperadamente a los recién llegados. La economía —y el gasto de los consumidores— se habían recuperado con fuerza de la recesión causada por la pandemia. Las empresas tenían dificultades para contratar a suficientes trabajadores para satisfacer los pedidos de los clientes.

El problema se vio agravado por los cambios demográficos: el número de estadounidenses nativos en sus mejores años laborales —entre los 25 y 54 años—disminuía porque muchos de ellos habían rebasado esa edad y estaban cerca de jubilarse o entrando en esa etapa. Las cifras de este grupo se han reducido en 770.000 desde febrero de 2020, justo antes de que la COVID-19 golpeara la economía.

Ese vacío se ha llenado con una ola de inmigrantes. En los últimos cuatro años, el número de trabajadores en edad productiva que tienen un trabajo o buscan uno ha aumentado en 2,8 millones. Casi todos los nuevos integrantes de la fuerza laboral —2,7 millones, o el 96% de ellos— nacieron fuera de Estados Unidos. El año pasado, los inmigrantes representaron el 18,6% de la fuerza laboral —un récord—, según el análisis de datos gubernamentales del Economic Policy Institute. Y los empleadores agradecen su ayuda.

Considere a Jan Gautam, director general de la empresa de alojamiento Interessant Hotels & Resort Management, en Orlando, Florida, quien expuso que no puede encontrar trabajadores nacidos en Estados Unidos para realizar la limpieza de las habitaciones y trabajar en las lavanderías de sus 44 hoteles. De los 3.500 trabajadores de Interessant, dijo, el 85% son inmigrantes.

“Sin empleados, estás arruinado”, agregó Gautam, él mismo inmigrante de India, quien comenzó a trabajar en restaurantes como lavaplatos y es ahora propietario de su propia empresa.

“Si quieres impulsar la economía”, sostuvo, “definitivamente es necesario que más inmigrantes vengan a este país”.

O considere la fuerza laboral de la granja Flood Brothers en Clinton, la “capital lechera” de Maine. Los trabajadores nacidos en el extranjero constituyen la mitad del personal de la granja, de casi 50 personas, y alimentan a las vacas, cuidan los cultivos y ayudan a recolectar la leche: 68.137 litros (18.000 galones) por día.

“No podemos hacerlo sin ellos”, dijo Jenni Tilton-Flood, socia de la operación.

Después de todo, por cada persona desempleada en Maine, hay un promedio de dos puestos vacantes.

“No tendríamos una economía, ni en Maine ni en Estados Unidos, si no tuviéramos mano de obra altamente calificada que viene de fuera de este país”, apuntó Tilton-Flood en una entrevista telefónica desde su granja con The Associated Press.

“Sin los inmigrantes —tanto los nuevos solicitantes de asilo como nuestros contribuyentes inmigrantes desde hace mucho—, no podríamos hacer el trabajo que hacemos”, agregó. “Absolutamente todo lo que afecta a la economía estadounidense está impulsado por y sólo podrá salvarse aceptando la fuerza laboral inmigrante”.

Un estudio realizado por Wendy Edelberg y Tara Watson, economistas del Hamilton Project (Proyecto Hamilton) de la Brookings Institution, que produce propuestas para crear una economía que crezca, concluyó que, en los últimos dos años, los nuevos inmigrantes elevaron la oferta de trabajadores en la economía y permitieron a Estados Unidos generar empleos sin sobrecalentarse ni acelerar la inflación.

En el pasado, los economistas normalmente estimaban que los empleadores estadounidenses no podrían agregar más de 60.000 a 100.000 empleos al mes sin sobrecalentar la economía y desatar la inflación. Pero cuando Edelberg y Watson incluyeron el aumento de la inmigración en sus cálculos, encontraron que el crecimiento mensual del empleo podría ser de alrededor del doble este año —160.000 a 200.000— sin ejercer una presión al alza sobre la inflación.

“Hay mucha más gente trabajando en el país”, dijo la semana pasada el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en un discurso en la Universidad de Stanford. En gran parte debido a la afluencia de inmigrantes, añadió, “es una economía más grande, pero no más ajustada. Es realmente algo inesperado e inusual”.

Trump ha atacado repetidamente la política de inmigración de Biden por el aumento de inmigrantes en la frontera sur. Sólo alrededor del 27% de los 3,3 millones de extranjeros que ingresaron a Estados Unidos el año pasado lo hicieron como “residentes permanentes legales” o con visas temporales, según el análisis de Edelberg y Watson. El resto —2,4 millones— llegaron ilegalmente, permanecieron en el país después de que sus visas vencieran, están en espera de procedimientos judiciales de inmigración o se encuentran en un “Parole Process” o proceso bajo palabra —un programa probatorio humanitario para solicitantes de asilo— que les permite permanecer temporalmente en el país y, a veces, trabajar.

“Ahí lo tienes”, escribió en febrero Douglas Holtz-Eakin, exdirector de la CBO y presidente del conservador American Action Forum (Foro Estadounidense de Acción), que proporciona información con base en datos sobre desafíos que definen la política interna de Estados Unidos respecto a diferentes temas. “La forma de resolver una crisis inflacionaria es soportar una crisis de inmigración”.

Muchos economistas sugieren que los inmigrantes benefician a la economía estadounidense de varias maneras. Generalmente desempeñan trabajos indeseables que son mal pagados —pero esenciales— que la mayoría de los estadounidenses nacidos en Estados Unidos no aceptarían, como cuidar a niños, enfermos y ancianos. Y pueden impulsar la innovación y la productividad del país porque es más probable que inicien negocios propios y obtengan patentes.

Ernie Tedeschi, profesor visitante en el Psaros Center for Financial Markets and Policy (Centro Psaros de Mercados Financieros y Política), que conecta a los responsables de políticas, líderes de la industria y académicos, de la Universidad de Georgetown, y exasesor económico de Biden, calcula que el estallido de la inmigración ha representado alrededor de una quinta parte del crecimiento de la economía en los últimos cuatro años.

Los críticos responden que un aumento en la inmigración puede obligar a bajar los salarios, particularmente a los trabajadores de bajos ingresos, una categoría que a menudo incluye a inmigrantes que han vivido en Estados Unidos durante más tiempo. El mes pasado, en el informe económico más reciente del presidente, los asesores de Biden reconocieron que “la inmigración puede ejercer presión a la baja sobre los salarios de algunos trabajadores mal pagados”, pero agregaron que la mayoría de los estudios muestran que el impacto en los salarios de los nacidos en Estados Unidos es “pequeño”.

Incluso Edelberg señala que una ola inesperada de inmigrantes, como la reciente, puede abrumar a los gobiernos estatales y locales y cargarles altos costos. Un sistema de inmigración más ordenado, dijo, ayudaría.

El reciente aumento “es una forma algo disruptiva de aumentar la inmigración en Estados Unidos”, explicó Edelberg. “No creo que nadie se haya sentado y dicho: ‘Vamos a crear una política de inmigración óptima’, y esto es lo que se les hubiera ocurrido”.

Holtz-Eakin argumentó que un alto en la inmigración del tipo que Trump ha prometido imponer resultaría en “un crecimiento mucho, mucho más lento de la fuerza laboral y un retorno al virulento equilibrio” entre contener la inflación y mantener el crecimiento económico que Estados Unidos ha logrado evitar hasta ahora.

Por el momento, millones de puestos vacantes son ocupados por inmigrantes como Mariel Marrero. Opositora política de Nicolás Maduro, el autoritario presidente de Venezuela, Marrero, de 32 años, huyó de su país en 2016 tras recibir amenazas de muerte. Vivió en Panamá y El Salvador antes de cruzar la frontera de Estados Unidos y solicitar asilo.

Con su caso pendiente, recibió autorización para trabajar en Estados Unidos en julio pasado. Marrero, quien laboraba en los archivos del Congreso de Venezuela, en Caracas, encontró trabajo vendiendo teléfonos y luego como dependiente en una tienda de conveniencia propiedad de inmigrantes venezolanos.

Al principio vivía gratis en casa de un tío. Pero ahora gana lo suficiente para pagar el alquiler de una casa de dos habitaciones que comparte con otros tres venezolanos en Doral, Florida, un suburbio de Miami con una comunidad venezolana grande. Después de pagar el alquiler, la comida, la electricidad y la gasolina, le sobra lo suficiente para enviar 200 dólares al mes a su familia en Venezuela.

“Cien por ciento — este país te brinda oportunidades—”, dijo.

Marrero tiene su propio sueño americano: “Me imagino teniendo una empresa propia, mi casa, ayudando a mi familia de manera más cómoda”.

___________________________________

Wiseman y Rugaber informaron desde Washington; Salomon, desde Miami.

más aquí https://apnews.com/us-news/general-news-33cf5eeb6482832434c8d69341c9370c

Reaching the United States was a harrowing ordeal. Silva, 25, her husband and their then-7-year-old daughter braved the jungles of Panama’s Darien Gap, traveled the length of Mexico, crossed the Rio Grande and then themselves in to the U.S. Border Patrol in Brownsville, Texas. Seeking asylum, they received a work permit last year and found jobs in Rock Hill, South Carolina.

“My plan is to help my family that much need the money and to grow economically here,” Silva said.

Her story amounts to far more than one family’s arduous quest for a better life. The millions of jobs that Silva and other new immigrant arrivals have been filling in the United States appear to solve a riddle that has confounded economists for at least a year:
How has the economy managed to prosper, adding hundreds of thousands of jobs, month after month, at a time when the Federal Reserve has aggressively raised interest rates to fight inflation — normally a recipe for a recession?
Increasingly, the answer appears to be immigrants. The influx of foreign-born adults vastly raised the supply of available workers after a U.S. labor shortage had left many companies unable to fill jobs.

More workers filling more jobs and spending more money has helped drive economic growth and create still-more job openings. The availability of immigrant workers eased the pressure on companies to sharply raise wages and to then pass on their higher labor costs via higher prices that feed inflation. Though U.S. inflation remains elevated, it has plummeted from its levels of two years ago.

“There’s been something of a mystery — how are we continuing to get such extraordinary strong job growth with inflation still continuing to come down?” said Heidi Shierholz, president of the Economic Policy Institute. “The immigration numbers being higher than what we had thought — that really does pretty much solve that puzzle.”

While helping fuel economic growth, immigrants also lie at the heart of an incendiary election-year debate over the control of the nation’s Southern border. In his bid to return to the White House, Donald Trump has vowed to finish building a border wall and to launch the “largest domestic deportation operation in American history.” Whether he or President Joe Biden wins the election could determine whether the influx of immigrants, and their key role in propelling the economy, will endure.

The immigration boom was a surprise. In 2019, the Congressional Budget Office had estimated that net immigration — arrivals minus departures — would equal about 1 million in 2023. The actual number, the CBO said in a January update, was 3.3 million.

Thousands of employers desperately needed the new arrivals. The number of native-born Americans in their prime working years — ages 25 to 54 — was dropping because so many of them had aged out of that category and were nearing or entering retirement. Their numbers have shrunk by 770,000 since February 2020, just before COVID-19 slammed the economy.

Filling the gap has been a wave of immigrants. Over the past four years, the number of prime-age workers who either have a job or are looking for one has surged by 2.8 million. And nearly all those newcomers — 2.7 million, or 96% of them — were born outside the United States.

At the Flood Brothers farm in Maine’s “dairy capital” of Clinton, foreign-born workers make up half the staff of nearly 50, feeding the cows, tending crops and helping collect the milk.

“We cannot do it without them,” said Jenni Tilton-Flood, a partner in the operation.

For every unemployed person in Maine, after all, there are two job openings, on average.

A study by Wendy Edelberg and Tara Watson of the Brookings Institution found that new immigrants raised the economy’s supply of workers and allowed the United States to generate jobs without overheating and accelerating inflation.

In the past, economists typically estimated that America’s employers could add no more than 60,000 to 100,000 jobs a month without overheating the economy and igniting inflation. But when Edelberg and Watson included the immigration surge in their calculations, they found that monthly job growth could be roughly twice as high this year — 160,000 to 200,000 — without exerting upward pressure on inflation.

Trump has repeatedly attacked Biden’s immigration policy over the surge in migrants at the Southern border. Only about 27% of the 3.3 million foreigners who entered the United States last year did so through as “lawful permanent residents” or on temporary visas, according to Edelberg and Watson’s analysis. The rest — 2.4 million — either came illegally, overstayed their visas, are awaiting immigration court proceedings or are on a parole program that lets them stay temporarily in the country.

“So there you have it,” Douglas Holtz-Eakin, president of the conservative American Action Forum, said. “The way to solve an inflation crisis is to endure an immigration crisis.”

Many economists suggest that immigrants benefit the U.S. economy. They take low-paying but essential jobs that most U.S.-born Americans won’t, like caring for the sick and the elderly. And they can make the country more innovative because they are more likely to start businesses and obtain patents.

Critics counter that a surge in immigration can force down pay, particularly for low-income workers. Last month, in the most recent economic report of the president, Biden’s advisers acknowledged that “immigration may place downward pressure on the wages of some low-paid workers” but added that most studies show that the impact on the wages of the U.S.-born is “small.”

Holtz-Eakin argued that an immigration cutoff of the kind Trump has vowed to impose, if elected, would result in “much, much slower labor force growth and a return to the sharp tradeoff” between containing inflation and maintaining economic growth that the United States has so far managed to avoid.

more in original source https://www.eldoradonews.com/news/2024/apr/13/how-immigrant-workers-in-us-have-helped-boost-job