Pastor Carmen Gil’s mission of love

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Carmen Helena Rojas Alcocer es la pastora más conocida de la Iglesia Hispana Victory de Tulsa. Sus servicios están repletos de gente buscando que su voz les permita abrir los ojos y prestarle atención a eso que solos no alcanzan a ver. Es que Carmen es una de esas pastoras con misión clara, lograr que Dios potencie lo que cada uno de nosotros puede llegar a ser.

La Semana estuvo conversando recientemente con la pastora, quien aseguró que la sabiduría no llega sola y que muchas veces, son los dolores de la vida los que más nos conectan con la verdadera naturaleza humana.

Carmen nació en Bolivia, allí, conoció el dolor, la violencia política y el desamor. Su madre murió cuando era muy pequeña, configurando así su principal anhelo en la vida: formar una familia.

Hace 45 años migró a Tulsa, donde conoció a su esposo y formó ese núcleo tan deseado. Tuvo dos hijos, pero el fracaso matrimonial llegó al poco tiempo, dejándola sin consuelo. “Uno de mis hijos enfermó, teníamos que mudarnos de país y yo no podía salir de Estados Unidos por mi condición de inmigrante, mi esposo tenía contratos de trabajo que no podía dejar, y se rompió así el sueño”, confesó Carmen . Ese fue el dolor más grande que tuvo que padecer, no haber podido edificar ese templo tan sagrado para los latinos. Sin embargo, en ese fracaso encontró su vocación; el divorcio le permitió acercarse a Dios y soltar su temor. “Después de conocer al señor empecé a ver de verdad. Me di cuenta de que, si mis hijos no tenían un padre en la tierra, sí tenían un padre celestial”, explicó Carmen.

La transformación fue como un milagro. “Una de esas noches que me quedé dormida pensando si Dios realmente podía restaurarnos y mostrarnos nuestra misión, me di cuenta de que si, de que es un ser sobrenatural, que repara lo que está roto. En mi dolor dios me dijo: ‘Carmen el mejor regalo que te he dado es la vida, puedes usarlo como tu quieras’”, contó Carmen. En ese momento, se dio cuenta de que el libre albedrío era la solución, pues en la opción estaba la sanación, aunque costara verlo.

La pastora Carmen (c) junto a sus hermanas

Años después y ya siendo una pastora consolidada, Carmen tuvo la desgracia de padecer la muerte de su hija a causa del cáncer. Nuevamente, el dolor golpeaba la puerta, pero Dios estaba ahí para sanar las heridas más profundas. “Con él me di cuenta de que a mi hija no la perdí, que algún día volveré a encontrarla”, aseguró la pastora, reconociendo que Dios no tiene la culpa de la muerte de su hija, pues es la propia imperfección del mundo que nos rodea lo que causa esas desgracias.

Carmen siguió con su carrera pastoral donde supo mitigar el dolor en la ayuda al prójimo. “Es imposible entender con la mente humana el diseño de Dios, sentirse feliz es un regalo de Dios, nosotros somos seres negativos por naturaleza no sabemos reconocer lo que es bueno, y si viéramos lo que tenemos en vez de lo que falta podríamos reconocer la bendición de dios”, explicó. “Dios no es una persona, es solamente amor y ese gran amor nos ayuda a descubrirnos a nosotros mismos”, agregó.

Para Carmen la revolución de Dios, no es simplemente la palabra, es dar también, a quien menos tiene. “Fe sin obras está muerta, no sirve”, dijo sin tapujos. Por eso en Victory se entregan ofrendas después de los servicios del jueves y el domingo, para que nadie pase hambre ni necesidad. “Así damos el evangelio en práctica y en palabra”, dijo la pastora.

La vida de Carmen es un ejemplo de redención, de construcción permanente y de sanación. Su vida nos invita a mirar hacia arriba tanto en la cima como en las profundidades del pesar, y pensar que siempre podemos mejorar. A todas esas personas que están llegando a Estados Unidos, o que aún no se encuentran en el camino correcto, Carmen les dice: “Ojalá, encuentren aquí, lo que yo encontré. Antes yo tenía el corazón vacío de Dios, y lo encontré aquí, sólo él hace que valga la pena todo lo que hemos pasado”. (La Semana)

Pastor Carmen Gil’s mission of love

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Carmen Helena Rojas Alcocer is the well known pastor of Victory Hispanic church in Tulsa. The church’s services are crammed with people who want to hear the word of God, to allow them to open their eyes and pay attention to what they cannot see alone. Carmen is one of those shepherdesses with a clear mission, to make God empower what each one of us can become.

The La Semana was talking recently with the pastor, who said that wisdom does not come alone and that many times, it is the pains of life that connect us most with true human nature.

Carmen was born in Bolivia, where she experienced pain, political violence and heartbreak. Her mother died when she was very young, thus establishing her main yearning in life: forming a family.

45 years ago she migrated to Tulsa, where she met her husband and formed that much desired nucleus. She had two children, but the marriage failed, leaving her without comfort.

Pastor Carmen with her daughter Sheila

“One of my children got sick, we had to move out of the country and I couldn’t leave the United States because of my immigrant status,” Carmen recalled. “My husband had work contracts that he couldn’t leave, and the dream was broken.”

That was the greatest pain she had to suffer, not having been able to build that core so sacred to Latinos. However, in that failure she found her vocation. The divorce allowed her to approach God and let go of her fear.

“After meeting the Lord I began to really see,” Carmen said. “I realized that if my children did not have a father on earth, they did have a heavenly father.”

The transformation was like a miracle.
“One of those nights that I fell asleep thinking if God could really restore us and show us our mission, I realized that yes, that He is a supernatural being, who repairs what is broken,” the pastor explained. “In my pain God told me: ‘Carmen, the best gift I have given you is life, you can use it as you want.’”

At that moment, she realized that free will was the solution, because healing was the option, although it was hard to see.

Years later and already an established pastor, Carmen had the misfortune of suffering the death of her daughter because of cancer. Again, pain knocked on the door, but God was there to heal the deepest wounds.

Pastor Carmen with her sons Ricky and Juanito

“With him I realized that I did not lose my daughter, that one day I will find her again,” Carmen said, recognizing that God is not to blame for the death of her daughter, it is the imperfection of the world that surrounds us that causes those misfortunes.

Carmen continued her pastoral calling where she knew how to mitigate pain in helping others.

“It is impossible to understand with the human mind the design of God. To feel happy is a gift from God — we are negative beings by nature and we do not know how to recognize what is good, and if we saw what we have instead of what is missing, we could recognize God’s blessing,” she explained. “God is not a person, He is only love and that great love helps us discover ourselves.”

For Carmen, the revolution of God is not simply the word, it is also giving to those who have less.

“Faith without action is dead, it doesn’t work,” she said bluntly.
That is why at Victory offerings are delivered after the services of Thursday and Sunday, so that no one goes hungry or is needy.

“Thus we give the gospel in practice and in word,” said the pastor.
Carmen’s life is an example of redemption, permanent construction and healing. Her life invites us to look up during both the best of times and in the depths of grief, and to believe that we can always improve.

To all those people who are coming to the United States, or who are not yet on the right track, Carmen says: “Hopefully you will find here what I found. Before I had an empty heart, but I found God here, and only He makes everything we are worthwhile.” (La Semana)