Madres del pasado / Reminiscences of mothers of the past

Alfonsina Martinez

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Dicen que los tiempos cambian, y aunque las necesidades de la humanidad sigan siendo las mismas, a criterio de nuestras abuelas, las mujeres del hoy no se parecen en nada a esas del ayer.

En un paseo por Méjico La Semana conoció a dos abuelas que nos hicieron reflexionar sobre el significado de la maternidad en el siglo XXI.

Alfonsina Martínez Mercado tiene 82 años y un vientre que fecundó 15 hijos, todos nacidos por parto natural a puro “valor mejicano”, como reconoció supo reconocer.  Esa cantidad de hijos sacaría de quicio a más de una mujer moderna, obsesionada con la administración del tiempo.

Pero Alfonsina asegura que antes las cosas eran más sencillas y lo único que importaba en la vida de sus niños era que estuviesen contenidos: “Lo primero es el sustento, darles de comer; y lo segundo mandarlos a la escuela.  Sólo a 10 les di la secundaria y a uno lo mandé a la universidad, es licenciado”, afirmó con orgullo.  A esta mujer los hijos se los mandó dios, y en su concepción del mundo los niños son siempre “el orgullo de un hogar”.

“No fue difícil criarlos, porque en mi época los niños no estaban tan mareados como ahora, me ayudaban con los animales de la granja y después se ponían a jugar, yo les daba de cenar y el día finalizaba”, recordó, recalcando inclusive que le quedaba tiempo para ver la televisión. Hoy todos sus hijos viven en la misma cuadra, muy cerca de esa madre a la que cuidan con la misma dedicación que ella les supo tener.

Al igual que Maria Eugenia Ortiz, de 76 años, Alfonsina vive con lo mínimo, una modesta pensión que alcanza para comer y que no reconoce su aporte al suelo mejicano. Tampoco la sociedad entiende lo que estas mujeres debieron pasar, pues no fueron sólo partos los que enfrentaron solas, sino también muertes, las de sus propios hijos. Alfonsina perdió a 4 niños a lo largo de su maternidad, Eugenia a 6 de sus 7 bebés y a pesar de todo, siguieron adelante.

Para las madres del pasado sacrificio y maternidad venían de la mano, eran cuestiones que se daban por sentadas y no requerían demasiado análisis. Sin embargo, en la actualidad, la maternidad se entiende como un momento de postergación de la mujer, de una felicidad que viene acompañada por semejante privación de la individualidad que hasta oprime. “La vida actual es muy diferente a la vida que yo viví, ahora las mujeres compran un bebé y ya no quieren tener más ¿Y quién las culpa?”, reconoció Alfonsina mirando a su alrededor y viendo el nido vacío.

Para Eugenia el cambio es igual de evidente: “Los jóvenes no son lo que fuimos nosotros. No es la misma vida. Ellos piensan más en el futuro que nosotros”, admitió.

La maternidad cambió, y las mujeres se aseguraron de disfrutarla, de tener los recursos para estar ahí a cada paso, y poder al mismo tiempo seguir siendo quienes deseaban ser. Para estas mujeres del pasado, ser madre era “ser”, y en algún punto debemos agradecerles por la santidad que supieron darle a la maternidad y que nuestro siglo decidió quitarle.

A todas aquellas mujeres con deseos de ser madres Alfonsina les recomienda abrazar su esencia sin miedos: “Si dios les da un niño, recíbanlo con gusto y hagan todo lo necesario para que ellos no sufran, porque ellos son los que importan”. Madres del ayer, cuánto aún nos queda por aprender. (La Semana)

Maria Eugenia Ortiz

Reminiscences of mothers of the past

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

People say the times are changing, and even if human needs have always been the same, our grandmothers would agree that today’s mothers look nothing like those of yesterday.

In a recent visit to Mexico, La Semana met two grandmothers who reflected on the meaning of motherhood in the 21st century.

Alfonsina Martinez Mercado is 82 years old, and her womb still remembers the 15 children she carried, all born naturally “with pure Mexican courage,” she acknowledged. This number of babies would certainly drive any modern woman crazy, obsessed with the administration of time and the balancing of life and work. But Alfonsina is convinced that things were easier in her day, and the only real thing a child needed was support.

“The first thing was to feed them, to provide for them, and the second most important thing on the list was send them to school. 10 of my children finished high school and one went to university,” she said with pride.

According to Alfonsina, children are a gift of God, and she fervently believes they are “the pride and joy of a real home.”

“It wasn’t difficult to raise them, because back then children weren’t as dizzy as today. They helped me with the animals at the farm, they played all day, I would prepare dinner and the day was over,” she recalled, emphasizing she still had time to watch TV.

Today, her kids live on her same street, very close to that mother they cherish.

Just like Maria Eugenia Ortiz, another mom from the past, Alfonsina lives on a minimum pension that feeds her and does not recognize her sacrifice to the Mexican nation.

Society does not understand what these women faced, because they not only had to give birth on their own, but also deal with the loss and grief that came along with the deaths of their own children. Alfonsina lost four of those 15 precious lives, Eugenia lost six of her seven babies, but despite everything, they kept going.

These mothers of the past understood motherhood and sacrifice were two sides of the same coin, interchangeable terms taken for granted that did not require much discussion. For these women that sacrifice is felt as a time of postponement, as if the happiness that comes with a child also brought a deprivation of the self that can cause depression.

“Modern days are completely different, now, women have a baby, and they don’t want another. Who can blame them?” wondered Alfonsina, looking at the empty nest that surrounds her.

Eugenia also recognizes that change is inevitable. “The young of these days are nothing like us,” she observed. “Life is not the same, and they are constantly thinking about the future, which we did not.”

Motherhood changed and women decided that it would only mean roses, they got ready to enjoy it, to be there every step of the way and to keep on being who they were before that baby no matter how hard it may be. For those women of the past being a mom was being something, and we must thank them for the holiness they gave to motherhood, a sanctity our century consciously decided to remove.

Alfonsina advises all those women wishing to become mothers to embrace their essences with no fear: “If God gives you children, receive them with joy and do everything in your power for their wellbeing, they are the only thing that matters.” There are so many things we have to lean from the mothers of the past. (La Semana)