Teodora Perez de Ibarra, madre mexicana, madre incondicional / Teodora Perez de Ibarra: an “unconditional” Mexican mother

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Fotos por Marina Salgado | Tulsa, OK

Llega la navidad y automáticamente pensamos en la familia, recordamos nuestros primeros pasos debajo del árbol y quizás la voz de nuestra madre pidiendo que nos controláramos al abrir los regalos, al mismo tiempo que sus ojos lagrimeaban de emoción, pretendiendo mantenerse fuertes.

Esas contradicciones preciadas de las madres hispanas, son para muchos el secreto del éxito de toda una comunidad: la posibilidad de amar a los hijos incondicionalmente, pero expresarlo con cautela, manteniéndolos siempre en contacto con la realidad y las asperezas propias del porvenir. Para muchos, son madres duras e insensibles, para otros son tótems de confianza que no caen aunque sople el tornado.

Una de estas flamantes madres es Teodora Pérez de Ibarra, de cuyo vientre salieron los exitosos hermanos y actuales dueños de la cadena de supermercados Morelos y en quien La Semana se inspiró para pensar en el significado de la Navidad, de esa enorme mesa servida con una mujer a la cabeza que mira a sus hijos con grandeza, a pesar de sus diferencias.  

Teodora es una mujer humilde y de fe, que como muchas mexicanas,  crio a todos sus hijos en el catolicismo. Y como tantas otras, prefiere siempre enaltecer a su prole y a su marido antes de reconocer todo lo que ella ha hecho bien. Pero todos sabemos que ese ingrediente x, que garantizó el amor fraternal entre sus 8 hijos, salió de sus entrañas. “Le doy gracias a dios porque como quiera que sea uno y con la ignorancia que se trae; mis hijos aprovecharon lo poquito que supimos darles y han salido adelante”, dijo Teodora con orgullo, pues para ella, esos jóvenes son un don preciado.

Teodora nació en el seno de una familia pobre de Michoacán, sus padres aunque sin dinero, lograron enviarla a la escuela más cercana, a sabiendas de que en la vida, la educación lo es todo. “Mis padres me llevaron a la capital porque en aquellos tiempos allí donde vivíamos no había ninguna escuela, y por eso estudié en Morelia, donde pude aprender algo”, recordó. Y como si el destino le estuviera guardando un premio grande, tuvo la fortuna de cruzarse con Alfonso Ibarra, el fundador de Morelos, con quien emigró a Estados Unidos y tuvo a sus ocho hijos.

“Nos conocimos de casualidad, y nos relacionamos muy poco en el noviazgo porque él estaba trabajando ya en Estados Unidos y sólo regresaba a México de vacaciones,  por eso nos casamos, para formar un hogar”, explicó, con ojos que extrañan a quien ya no está.

Ese hogar fructífero le permitió criar a ocho jóvenes exitosos cuyo lema es hoy la tradición familiar.  “A fin de cuentas lo que importa es el ejemplo y las palabras que uno transmite”, reconoció. “De todas maneras, ahora en lo último, miro y pienso que me faltó darles más cosas, más educación, más apoyo moral, más cariño, pero éramos muy jóvenes y estábamos intentando pararnos para que no les faltase nada ”, admitió.

Sin embargo, el ejemplo pudo más que las caricias, porque la rigurosidad de la crianza y el amor por el trabajo legó una generación de caballos pura sangre: Alfredo, Francisco, Carlos; Eugenio; Rodolfo, Gustavo, Araceli y Verónica, todos actualmente involucrados en el negocio familiar.   

Teodora abandonó su México natal para acompañar a Alfonso en su crecimiento, y cómo él llevaba sus tradiciones a flor de piel, también lo apoyó cuando decidió volver a su país natal a educar a la familia.  “Cuando los hijos nacieron quiso que fueran todos a México a la escuela. Un buen día me dijo me olvido de Estados Unidos por siempre, porque acá somos felices, pero después se empezaron a venir mis hijos, y entonces mi marido se juntó con sus primos para apoyarlos y crear el supermercado”, explicó Teodora, sin siquiera mencionar sus propios padecimientos a lo largo de esa resumida historia. Es que para una verdadera madre hispana, el sacrificio es parte de la vida, y ese lema es la clave del éxito.

En supermercados Morelos no existe una única persona responsable de tanto crecimiento, sino una familia entera dispuesta a honrar la fraternidad y el amor por la tradición;  y una mujer, cuyo sacrificio sembró vidas nuevas, haciendo posibles proyectos increíbles a base de lealtad y dedicación. En Esta navidad, hagámosle caso a Teodora y “Démosle gracias a dios por todo lo que nos ha dado, hay que aprovechar la vida para vivir los unos con otros y perdonamos las faltas, siempre”, que el sabio consejo de esta madre hispana, nos ayude a convertirnos en quienes debemos ser.

Teodora Perez de Ibarra: an “unconditional” Mexican mother

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Photos by Marina Salgado | Tulsa, OK

Tulsa, OK- It’s almost Christmas and automatically our thoughts gravitate towards family. We remember our first steps under the tree and may remember the voice of our mother asking us to take it slow with the presents, trying to scold us though her eyes were wet with emotion and fighting to appear strong.

These precious contradictions of Hispanic mothers are for many the truest secret of a community’s success: the possibility of loving their children unconditionally, but always urging caution, keeping them in touch with reality as a reminder of the harshness of future days. Some might say they are insensitive and tough, but mostly they are totems of trust that do not fall, even during tumultuous storms.

One of these wonderful mothers in the Tulsan Hispanic community is Teodora Perez de Ibarra, who gave birth to the successful brothers that own the Morelos supermarket chain, and from whom La Semana got inspiration to understand the meaning of Christmas, because when we think about the holidays, we project a huge table full of loving people, with a strong woman sitting at the headboard that observes their children with greatness despite their faults, and that is exactly who Teodora is.

Teodora Pérez de Ibarra junto a nietos

My parents took me to the capital, because back in the day where I lived there were no schools, so I studied in Morelia, and I believe I did learn something”

She is a very humble woman, one of faith, that educated her children in Catholicism, just like many other Mexicans. And also like many others, she prefers speaking about the virtues of her children and husband instead of recognizing the role she played. But don’t be fooled, we all know that the X ingredient that guaranteed the fraternal respect and trust of her eight children came from her insights.

“I thank God because, even despite me and my ignorance, my children were able to profit from the little we gave them and got ahead in life,” she said, understanding that children are a true gift provided by providence.

Teodora was born in the middle of a poor family in Michoacan, and her parents, though moneyless, made the effort of educating her in the closest school, aware that a life without education is a life with no chances.

“My parents took me to the capital, because back in the day where I lived there were no schools, so I studied in Morelia, and I believe I did learn something,” she recalled.

And as if fate was about to give her a big prize, she had the fortune of crossing paths with Alfonso Ibarra, the founder of Morelos, who brought her to the US and gave her eight children.

“We met by chance and while we were dating we didn’t get to see each other much,” she explained. “He already worked in the US and came to Mexico on holidays. That’s why we got married, to create a stable home.”

That fruitful marriage allowed her to raise eight successful businessmen and women who are bonded by tradition and family love.

“In the end what matters when teaching are real examples and the words that come out of our mouths,” she stated. “Anyway, here at the end I look backwards and think that there are things I should have given them, more education, more moral support and for sure a lot more of tenderness. But we were young, just starting in life, trying to give them what we could.”

Teaching by example ended up being more important than caresses, because the rigorous mother and her love for work gave birth to a generation of pure blood horses: Alfredo, Francisco, Carlos; Eugenio; Rodolfo, Gustavo, Araceli and Verónica, all involved in the successful family business.

Teodora left Mexico to follow Alfonso’s dreams and she had his back when he decided to move back home.

“When our children were born, he wanted them all to study in Mexico. And one fine day he said, I am going to forget everything about America, because here we are happy, and just then our kids decided to cross the border, and to help them, my husband gathered his cousins and they all opened the supermarket,” said Teodora, without even mentioning her own afflictions along the summarized story. A true Hispanic mother hides sacrifice, because it is a word that is as natural as life itself, and that’s the key to success.

At Morelos one cannot find only one person responsible for the performance of the markets, but a whole family willing to honor fraternity and traditions, and one woman whose sacrifice inspired a new generation of impossible dreams that came true through dedication and loyalty.

This Christmas, let’s all follow Teodora´s advice: “Give thanks to God for everything we have. We have to profit from this life and live it with one another, always forgiving our trespasses.”

Let the wisdom of a Hispanic mother help us become who we are supposed to be. (La Semana)